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Divos de hoy
Daniela Dessì:
"Las prisas, en mi trabajo,
pueden estropear todo"
Su relación con los teatros
españoles parece estar en el mejor de los momentos: Maddalena, Butterfly,
Manon Lescaut, Aida, Floria Tosca. Su actual repertorio es el que ahora
Daniela Dessì pasea por la Península, lejos de esa Desdemona con la que
debutó en el Liceu en 1985, junto a Plácido Domingo y bajo la batuta de
García Navarro. Casi veinte años después, la soprano genovesa regresará en
julio al Gran Teatre como la esclava etíope junto a su marido, el tenor
Fabio Armiliato, quien será su Radames.
–
Óper@ctual: Usted siempre tuvo inclinación
hacia el arte dramático. ¿Por qué se decantó por la música?
– Daniela Dessì: Debuté muy joven, con diecisiete años.
Mis comienzos fueron fáciles porque siempre han considerado que tenía una
bella voz. Empecé con papeles pequeños y a los directores les gustaba mi
trabajo y me recomendaban a otros teatros. El gran salto lo di trabajando
con Riccardo Muti; con él he cantado en La Scala y he grabado varios
discos. A partir de ahí trabajé con grandes directores y siempre eligiendo
los papeles que yo quería cantar, al contrario de otros intérpretes que no
pueden escoger. Eso te otorga un gran prestigio porque variar mucho el
repertorio puede perjudicar la voz; aunque yo he cantanto muchos papeles,
lo he hecho en distintos períodos de mi vida.
– Óper@ctual: ¿En qué
repertorio se siente más cómoda?
– Daniela Dessì: En aquéllos en los que la voz te
permite cantar –afirma sonriente–, aunque siempre he sentido un gran
cariño por los primeros papeles de mi carrrera, en los que abordé desde el
Barroco hasta Mozart. Sin embargo, en este momento mi voz se siente
especialmente bien en los personajes de las óperas de Puccini y Verdi.
| Su agenda |
| La soprano genovesa Daniela Dessì, que en abril ha
interpretado a Maddalena en Andrea Chénier, en Venecia, vuelve a
España este mes para integrarse en el elenco de la Manon Lescaut
propuesta por el Maestranza sevillano entre los días 19 y 26 de mayo.
A continuación, en junio, interpretará Adriana Lecouvreur en Nápoles
y, en julio, será Aida en el Liceu de Barcelona. Comenzará la
temporada 2003-04 en Tokyo con Falstaff, para más tarde retomar el
papel de Floria Tosca en La Scala, antes de despedir el año en Roma,
donde cantará el papel protagonista de Francesca da Rimini. |
– Ó. A.: También le gustan los papeles de heroína, ¿le
preocupa mucho la psicología de los personajes?
– D. D.: Me encanta entrar en cada una de esas
personalidades de heroínas, aunque no resulta fácil, pero la música de los
compositores te permite llegar a su interior con más facilidad. Entrar en
los personajes te ayuda a llegar también a la música. Para mí es un
desafío sumergirme en una heroína. Resulta muy fácil decir que Tosca es
una italiana o Butterfly una japonesa, pero en el interior de una mujer
hay muchos matices y colores que son los que yo intento que afloren con mi
interpretación.
– Ó. A.: Cuando aborda un personaje, ¿se deja guiar por
alguna referencia? Por ejemplo, en el caso de Tosca, papel que
interpretará el próximo año en el Teatro Real y en el Liceu, ¿recuerda la
interpretación de Maria Callas?
– D. D.: Cuando debuto un papel escucho el trababajo
de seis o siete cantantes diferentes pero no para imitarlos, porque creo
que cada uno debe ser conocido por su propia personalidad, pero lo hago
para llegar a entender la manera de pensar de cada una de las cantantes
que lo interpretan. Por supuesto que Maria Callas es una referencia,
porque ella cambió la manera interpretativa en la ópera, pero es un error
que uno intente imitar a los demás. Callas tenía sus propias vivencias y
brilló porque en cada representación daba algo de sí misma.
– Ó. A.: ¿Hacia dónde está evolucionando su repertorio?
– D. D.: Por ahora estoy concentrada en Verdi y
Puccini, dentro de unos años me gustaría cantar Norma y mucho más adelante,
si puedo, abordar algo del repertorio alemán.
– Ó. A.: Esto quiere decir que no se ha planteado
alcanzar ninguna meta.
– D. D.: Las prisas, en mi trabajo, pueden estropearlo
todo. Yo hago todo lo posible por alcanzar ciertas metas. Si Dios me
conserva la salud, bien; pero en caso contrario, no pasa nada...

– Ó. A.: En alguna ocasión usted ha confesado que su
físico le ha obligado a demostrar que además de ser guapa tenía una buena
voz. En la actualidad, la situación ha cambiado y es necesario tener un
buen físico para poder cantar determinados papeles...
– D. D.: Eso es absurdo, porque la ópera se sostiene
sobre la voz. Lo ideal es que el físico encaje con el personaje, pero sin
necesidad de ser bello, lo importante es saber transformarse en ese
personaje. Pero si no hay voz, el resto no sirve...
– Ó. A.: Usted estuvo casada con Giuseppe Sabbatini y
ahora lo está con otro tenor, Fabio Armiliato. ¿Es fácil trabajar y
convivir con un cantante de ópera? ¿Existe competencia?
– D. D.: Hay problemas de competencia cuando eres
joven y eres inmaduro. En el primer caso, eramos muy jóvenes y teníamos
caracteres incompatibles, que no encajaban muy bien, pero juntos hemos
tenido un hijo maravilloso. Con Fabio ha sido distinto, porque él es muy
dulce y creo que nos va a ir mejor. Por otra parte, tenemos mucho
repertorio en común, lo que nos permite evitar estar muy lejos el uno del
otro; uno de los grandes problemas de las parejas de cantantes es la
distancia. Por eso nosotros aprovechamos las oportunidades que surgen para
unirnos a través del arte, además de estarlo en la vida en común. Una de
las dificultades de este trabajo es la soledad, porque los cantantes
pasamos muchos tiempo solos. Un poco de soledad puede ser buena en algunos
momentos, por ejemplo cuando estás trabajando un personaje, pero si tienes
a tu lado una persona que te ama, esto te da mucha seguridad. Cuando estás
sobre un escenario es muy importante tener una vida personal serena, y te
aporta mucho. Pero además es que los tenores son fascinantes –explica
entre risas–; en el caso de Tosca es estupendo cantar con Fabio, porque
los dúos de amor los podemos hacer de verdad y no tengo que plantearme
“¡Ay, madre mía, qué voy a hacer!”. Algunas veces es muy difícil...
– Ó. A.: ¿Cómo ve las generaciones de jóvenes cantantes
en Italia? ¿Le interesa la enseñanza?
– D. D.: Ahora no tengo mucho tiempo, pero me gusta
enseñar y procuro buscarme algún momento para escuchar a algunos jóvenes
que son muy buenos. Más adelante, cuando ya no cante tanto, me gustaría
dedicarle más tiempo. De todas maneras, muchos jóvenes que proceden de
Holanda, Bulgaria o Suiza vienen a verme para que los escuche y me doy
cuenta de que tienen muchas ganas, pero también mucha prisa por llegar. Yo
procuro hacerles entender que lo importante es tener calma e ir despacio.
Por otra parte es interesante ver que hay mucha gente que quiere cantar,
teniendo en cuenta que siempre se dice que la ópera se está muriendo; no
es así, y estos jóvenes son la prueba de ello. De todas maneras, yo creo
que la ópera no morirá jamás.
– Ó. A.: ¿Le interesa la ópera contemporánea?
– D. D.: Mi voz no se adapta a este tipo de
repertorio, que precisa más de voces para notas sueltas y no para frases.
Se necesita una voz más singular, a lo mejor más moderna y yo soy un poco
a la antigua...
–
Ó. A.: La pasada temporada debutó en Madrid con Madama Butterfly, pero
por un pequeño incidente tuvo que cancelar varias funciones. Esto
demuestra, una vez más, la fragilidad de la voz, ¿le preocupa la
posibilidad de perder su instrumento, la voz, de un día para otro?
– D. D.: Personalmente, mi instrumento no es frágil.
Yo cancelo muy poco por problemas vocales pero cuando suceden cosas como
la que me ocurrió en Madrid –dañarse una cuerda vocal al vomitar–, algo
que a cualquier persona normal no le supone nada, entonces es cuando los
cantantes nos damos cuenta de la fragilidad de la voz. Precisamente soy
una intérprete que no canta muchas funciones al año porque creo que a la
voz hay que tratarla con muchísimo cuidado.
– Ó. A.: Usted debutó en el Liceu la temporada 1984-85
cantando Desdemona junto a Plácido Domingo y después regresó en 1992 con
Maria Stuarda. ¿Qué recuerdos tiene del viejo teatro en relación a su
acústica y a su público?
– D. D.: Tengo un recuerdo bellísimo de mi debut en el
Liceu. Lo recuerdo como uno de los teatros más bellos e importantes, con
una gran tradición musical y canora. El público era extraordinario, con un
calor y una participación increíbles.
– Ó. A.: Ahora regresa para cantar Aida. ¿Por qué ha
tardado tanto en regresar a Barcelona?
– D. D.: Soy muy feliz de volver a cantar en el Liceu
y el hecho de que no haya regresado antes se debe, primero y sobre todo, a
mi calendario siempre lleno con compromisos en otros teatros del mundo,
pero apenas me han pedido volver he buscado por todos los medios posibles
un período para dedicarle a España, a sus maravillosos teatros y a su
público.
– Ó. A.: Precisamente en estos años parece que su
relación con los teatros españoles está más acentuada, ¿a qué se debe? ¿Está
relanzando su carrera internacional o el caso español es aislado?
– D. D.: Mi carrera internacional no se ha detenido
nunca; he tenido compromisos y muchas peticiones desde teatros de otros
países. Insisto: estoy feliz de poder dedicarle más tiempo al público
español.
– Ó. A.: Primero Manon Lescaut en Sevilla y después Aida
en Barcelona. ¿Son tan contrapuestos ambos personajes en el aspecto
dramático como parece a simple vista?
– D. D.: Aida y Manon Lescaut son, ciertamente, dos
personajes muy diferentes, musical y vocalmente. Son dos grandes roles
femeninos, de gran exigencia técnica e interpretativa, personajes que una
artista tiene el placer de poder interpretar, aunque también son algo así
como un deber en la carrera de cualquier soprano.
Susana GAVIÑA
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