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INTERVIEW  "Opera Actual" (Maggio 2003)

Divos de hoy

Daniela Dessì:
"Las prisas, en mi trabajo,
pueden estropear todo"

Su relación con los teatros españoles parece estar en el mejor de los momentos: Maddalena, Butterfly, Manon Lescaut, Aida, Floria Tosca. Su actual repertorio es el que ahora Daniela Dessì pasea por la Península, lejos de esa Desdemona con la que debutó en el Liceu en 1985, junto a Plácido Domingo y bajo la batuta de García Navarro. Casi veinte años después, la soprano genovesa regresará en julio al Gran Teatre como la esclava etíope junto a su marido, el tenor Fabio Armiliato, quien será su Radames.

 

Daniela Dessì Óper@ctual: Usted siempre tuvo inclinación hacia el arte dramático. ¿Por qué se decantó por la música?
– Daniela Dessì: Debuté muy joven, con diecisiete años. Mis comienzos fueron fáciles porque siempre han considerado que tenía una bella voz. Empecé con papeles pequeños y a los directores les gustaba mi trabajo y me recomendaban a otros teatros. El gran salto lo di trabajando con Riccardo Muti; con él he cantado en La Scala y he grabado varios discos. A partir de ahí trabajé con grandes directores y siempre eligiendo los papeles que yo quería cantar, al contrario de otros intérpretes que no pueden escoger. Eso te otorga un gran prestigio porque variar mucho el repertorio puede perjudicar la voz; aunque yo he cantanto muchos papeles, lo he hecho en distintos períodos de mi vida.
 

Óper@ctual: ¿En qué repertorio se siente más cómoda?
– Daniela Dessì: En aquéllos en los que la voz te permite cantar –afirma sonriente–, aunque siempre he sentido un gran cariño por los primeros papeles de mi carrrera, en los que abordé desde el Barroco hasta Mozart. Sin embargo, en este momento mi voz se siente especialmente bien en los personajes de las óperas de Puccini y Verdi.
 

Su agenda
La soprano genovesa Daniela Dessì, que en abril ha interpretado a Maddalena en Andrea Chénier, en Venecia, vuelve a España este mes para integrarse en el elenco de la Manon Lescaut propuesta por el Maestranza sevillano entre los días 19 y 26 de mayo. A continuación, en junio, interpretará Adriana Lecouvreur en Nápoles y, en julio, será Aida en el Liceu de Barcelona. Comenzará la temporada 2003-04 en Tokyo con Falstaff, para más tarde retomar el papel de Floria Tosca en La Scala, antes de despedir el año en Roma, donde cantará el papel protagonista de Francesca da Rimini.

Ó. A.: También le gustan los papeles de heroína, ¿le preocupa mucho la psicología de los personajes?
– D. D.: Me encanta entrar en cada una de esas personalidades de heroínas, aunque no resulta fácil, pero la música de los compositores te permite llegar a su interior con más facilidad. Entrar en los personajes te ayuda a llegar también a la música. Para mí es un desafío sumergirme en una heroína. Resulta muy fácil decir que Tosca es una italiana o Butterfly una japonesa, pero en el interior de una mujer hay muchos matices y colores que son los que yo intento que afloren con mi interpretación.

Ó. A.: Cuando aborda un personaje, ¿se deja guiar por alguna referencia? Por ejemplo, en el caso de Tosca, papel que interpretará el próximo año en el Teatro Real y en el Liceu, ¿recuerda la interpretación de Maria Callas?
– D. D.: Cuando debuto un papel escucho el trababajo de seis o siete cantantes diferentes pero no para imitarlos, porque creo que cada uno debe ser conocido por su propia personalidad, pero lo hago para llegar a entender la manera de pensar de cada una de las cantantes que lo interpretan. Por supuesto que Maria Callas es una referencia, porque ella cambió la manera interpretativa en la ópera, pero es un error que uno intente imitar a los demás. Callas tenía sus propias vivencias y brilló porque en cada representación daba algo de sí misma.

Ó. A.: ¿Hacia dónde está evolucionando su repertorio?
– D. D.: Por ahora estoy concentrada en Verdi y Puccini, dentro de unos años me gustaría cantar Norma y mucho más adelante, si puedo, abordar algo del repertorio alemán.

Ó. A.: Esto quiere decir que no se ha planteado alcanzar ninguna meta.
– D. D.: Las prisas, en mi trabajo, pueden estropearlo todo. Yo hago todo lo posible por alcanzar ciertas metas. Si Dios me conserva la salud, bien; pero en caso contrario, no pasa nada...

Daniela Dessì

Ó. A.: En alguna ocasión usted ha confesado que su físico le ha obligado a demostrar que además de ser guapa tenía una buena voz. En la actualidad, la situación ha cambiado y es necesario tener un buen físico para poder cantar determinados papeles...
– D. D.: Eso es absurdo, porque la ópera se sostiene sobre la voz. Lo ideal es que el físico encaje con el personaje, pero sin necesidad de ser bello, lo importante es saber transformarse en ese personaje. Pero si no hay voz, el resto no sirve...

Ó. A.: Usted estuvo casada con Giuseppe Sabbatini y ahora lo está con otro tenor, Fabio Armiliato. ¿Es fácil trabajar y convivir con un cantante de ópera? ¿Existe competencia?
– D. D.: Hay problemas de competencia cuando eres joven y eres inmaduro. En el primer caso, eramos muy jóvenes y teníamos caracteres incompatibles, que no encajaban muy bien, pero juntos hemos tenido un hijo maravilloso. Con Fabio ha sido distinto, porque él es muy dulce y creo que nos va a ir mejor. Por otra parte, tenemos mucho repertorio en común, lo que nos permite evitar estar muy lejos el uno del otro; uno de los grandes problemas de las parejas de cantantes es la distancia. Por eso nosotros aprovechamos las oportunidades que surgen para unirnos a través del arte, además de estarlo en la vida en común. Una de las dificultades de este trabajo es la soledad, porque los cantantes pasamos muchos tiempo solos. Un poco de soledad puede ser buena en algunos momentos, por ejemplo cuando estás trabajando un personaje, pero si tienes a tu lado una persona que te ama, esto te da mucha seguridad. Cuando estás sobre un escenario es muy importante tener una vida personal serena, y te aporta mucho. Pero además es que los tenores son fascinantes –explica entre risas–; en el caso de Tosca es estupendo cantar con Fabio, porque los dúos de amor los podemos hacer de verdad y no tengo que plantearme “¡Ay, madre mía, qué voy a hacer!”. Algunas veces es muy difícil...

Ó. A.: ¿Cómo ve las generaciones de jóvenes cantantes en Italia? ¿Le interesa la enseñanza?
– D. D.: Ahora no tengo mucho tiempo, pero me gusta enseñar y procuro buscarme algún momento para escuchar a algunos jóvenes que son muy buenos. Más adelante, cuando ya no cante tanto, me gustaría dedicarle más tiempo. De todas maneras, muchos jóvenes que proceden de Holanda, Bulgaria o Suiza vienen a verme para que los escuche y me doy cuenta de que tienen muchas ganas, pero también mucha prisa por llegar. Yo procuro hacerles entender que lo importante es tener calma e ir despacio. Por otra parte es interesante ver que hay mucha gente que quiere cantar, teniendo en cuenta que siempre se dice que la ópera se está muriendo; no es así, y estos jóvenes son la prueba de ello. De todas maneras, yo creo que la ópera no morirá jamás.

Ó. A.: ¿Le interesa la ópera contemporánea?
– D. D.: Mi voz no se adapta a este tipo de repertorio, que precisa más de voces para notas sueltas y no para frases. Se necesita una voz más singular, a lo mejor más moderna y yo soy un poco a la antigua...

Daniela DessìÓ. A.: La pasada temporada debutó en Madrid con Madama Butterfly, pero por un pequeño incidente tuvo que cancelar varias funciones. Esto demuestra, una vez más, la fragilidad de la voz, ¿le preocupa la posibilidad de perder su instrumento, la voz, de un día para otro?
– D. D.: Personalmente, mi instrumento no es frágil. Yo cancelo muy poco por problemas vocales pero cuando suceden cosas como la que me ocurrió en Madrid –dañarse una cuerda vocal al vomitar–, algo que a cualquier persona normal no le supone nada, entonces es cuando los cantantes nos damos cuenta de la fragilidad de la voz. Precisamente soy una intérprete que no canta muchas funciones al año porque creo que a la voz hay que tratarla con muchísimo cuidado.

Ó. A.: Usted debutó en el Liceu la temporada 1984-85 cantando Desdemona junto a Plácido Domingo y después regresó en 1992 con Maria Stuarda. ¿Qué recuerdos tiene del viejo teatro en relación a su acústica y a su público?
– D. D.: Tengo un recuerdo bellísimo de mi debut en el Liceu. Lo recuerdo como uno de los teatros más bellos e importantes, con una gran tradición musical y canora. El público era extraordinario, con un calor y una participación increíbles.

Ó. A.: Ahora regresa para cantar Aida. ¿Por qué ha tardado tanto en regresar a Barcelona?
– D. D.: Soy muy feliz de volver a cantar en el Liceu y el hecho de que no haya regresado antes se debe, primero y sobre todo, a mi calendario siempre lleno con compromisos en otros teatros del mundo, pero apenas me han pedido volver he buscado por todos los medios posibles un período para dedicarle a España, a sus maravillosos teatros y a su público.

Ó. A.: Precisamente en estos años parece que su relación con los teatros españoles está más acentuada, ¿a qué se debe? ¿Está relanzando su carrera internacional o el caso español es aislado?
– D. D.: Mi carrera internacional no se ha detenido nunca; he tenido compromisos y muchas peticiones desde teatros de otros países. Insisto: estoy feliz de poder dedicarle más tiempo al público español.

Ó. A.: Primero Manon Lescaut en Sevilla y después Aida en Barcelona. ¿Son tan contrapuestos ambos personajes en el aspecto dramático como parece a simple vista?
– D. D.: Aida y Manon Lescaut son, ciertamente, dos personajes muy diferentes, musical y vocalmente. Son dos grandes roles femeninos, de gran exigencia técnica e interpretativa, personajes que una artista tiene el placer de poder interpretar, aunque también son algo así como un deber en la carrera de cualquier soprano.

Susana GAVIÑA

 

 

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Last update: maggio 15, 2003 .